La honestidad es la mejor política

Jorge Luis Serrano Texta

 

“La honestidad es la mejor política”, es una máxima que Kant trató de elucidar en su libro la Paz perpetua. Aun cuando aquella implique una teoría que la práctica desgraciadamente desmiente. Sin embargo, la máxima igualmente teórica la honestidad es mejor que toda Política, está sobre toda objeción y es también la condición indispensable de la política. A Hegel le inquietó la discusión acerca de la antítesis entre moral y política, y de la exigencia de que la segunda sea conforme a la primera: el bien de un Estado tiene un derecho muy diferente al del bien del individuo.

La extensa cita, fue motivada por la revisión de las primeras planas y sus contendidos del periódico más viejo – que en esta era de la información digital es el de hoy –, en las que se dio fe, del largo anuncio sobre la  renuncia del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, icono político en un sexenio que termina apuntalado, con la añeja liturgia del partido en el poder.

Fue sin duda, un acto político. Una oda a la lealtad institucional. El mejor quizás, sin ambages, de un firme precandidato a la presidencia de la República, con el estigma de la cercanía al solitario de Palacio.

Las cabezas de los rotativos nacionales y extranjeros, fueron suyas. En los Estados de la comunidad internacional, son frecuentes los escenarios que se alejan de la tolerancia y atizan el odio y la xenofobia. Los actos eminentemente republicanos, no son comunes, sobre todo que reflejan la unidad factual de un grupo que gobierna: “Antes, reparto de culpas; hoy, cooperación”, así lo destacó Milenio (11/1/18). La sentencia infiere, la teoría hegeliana, pergeñando a Maquiavelo.

Imagino el esfuerzo realizado desde la oficina de comunicación del precandidato Meade, en el mejor momento de ars bene dicendi, para persuadir a los editores de los diarios más importantes, de no publicar las fotografías elocuentes, donde en un acto de cálido arropamiento del equipo del secretario, se hizo relevante (en La Jornada, 10/1/18, acuñaron una fotografía en la que aparece la cabeza de Juárez y a su lado el futuro candidato a senador, en la columna Astlllero), que evoca fantasmas de los idus de marzo en aquel fatídico 1994, del “no se hagan bolas”, pues el discreto candidato del tricolor, sí ha tenido problemas para repuntar en su precampaña.

Sus militantes no han hecho posible las imágenes idóneas. Es decir, que se noten los consensos, aunque sea de manera ilusoria. El discurso del ex gobernador de Hidalgo, es muestra clara de que no está dispuesto a opacar al elegido.

Quizás esta apertura de diálogo y ejemplo de civilidad política, ayude a paliar los errores que se han cometido en el transcurso de la semana, sobre todo a partir de un acto eminentemente político desde la casa de Gobierno de Chihuahua, pero que tiene un fundamento jurídico.

Si todo en el ámbito de la cosa pública es política, uno no acaba de entender  por qué el presidente Peña Nieto dijo que la postura del gobernador Corral, es política y de tendencia partidista. Ahí está la presencia de Perogrullo.

El pronunciamiento de Corral, frente a personalidades que quisieran levar anclas en el combate a la corrupción, era inevitable. Son testigos de honor, ni duda cabe. Con ello se reitera que el Sistema Nacional Anticorrupción, continúa en uno de los sueños más profundos y que todo el moderno contenido jurídico es letra muerta.

Por supuesto que en la detención del ex secretario del PRI en Chihuahua, está sustentada y ni el nuevo sistema garantista le permitirá retirarse a su casa.  La autoridad competente, denunció los hechos, un juez de control autorizó la aprehensión, ergo, el proceso seguirá.

La réplica de los órganos especializados en materia de coordinación fiscal, han sido débiles pretextos, arrumbada a un error administrativo. Se estrellan siempre en la mezquindad y ante la evidencia sólo se descalifica. Al cabo, la cultura de la legalidad anda por los suelos.

No es un delirio, pero me parece que la sociedad y muchos adherentes o los mismos apartidistas, esperan un mea culpa, que posiblemente les haría ganar más votos y no es una broma. La sinceridad, corrige caminos torcidos.

Podrían comenzar con la promesa de borrar de su diccionario de Ética la palabra corrupción y digan que las lecciones que han dejado los correligionarios servirán para obligarse a erradicar esas conductas.

Que no solo irrumpa una maquinaria que funciona al envés de la Ética. La sorpresiva respuesta del Congreso, y su preocupación por la violencia en Chihuahua, es el tufo de la venganza, y la confirmación de que nada, absolutamente nada, va a cambiar.


*Aforismo latino que significa, donde hay sociedad hay derecho.

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