Negar la cultura de la legalidad

Jorge Luis Serrano Texta

 

Algunas de las promesas y ofrecimientos de la candidata y los candidatos presidenciales, aluden al signo de la irregularidad versus la cultura de la legalidad. Un planteamiento que trata de engañar, ignorando el marco jurídico, es negar la cultura de la legalidad, la que no abunda en nuestro país, un fenómeno que debemos reconocer sin reticencia.

Cada vez que los aspirantes a la Presidencia de la República hacen una declaración a modo, tratan de escudriñar el subconsciente de los votantes y esperan una respuesta inmediata desde su anquilosada creencia de que en México no se respeta la Ley en el más amplio sentido del concepto.

El expresidente Carlos Salinas, lo sabía, y a unos meses de dejar el poder, después de la tragedia que significó el magnicidio de Luis Donaldo Colosio, en un entorno violento como el que hemos vivido en estos días sangrientos donde la delincuencia ha cooptado e infiltrado la seguridad pública engullendo a las corporaciones policiales en todos los niveles de gobierno y acarreando con sus mandos respectivos.

Podría sonar a un lugar común que esa institución toral ha sido rebasada, sin embargo, ejemplos como el San Martín Texmelucan Puebla, donde el Estado asumió la responsabilidad de garantizar la seguridad en ese municipio al desarmar a la policía local, continuará siendo un paliativo menor, un remedio casero, que pretende curar el cáncer que ha invadido a diversas entidades federativas, en las que el horizonte del ansiado Estado de derecho se vislumbra muy lejano.

En ese entonces dijo el reformador de la propiedad social, que su Gobierno, reconocería al ganador de la elección presidencial, fuera quien fuera, convencido al extremo, porque conocía y conoce aún más hoy, sobre el comportamiento profundo del mexicano, quizás como buen lector de Samuel Ramos, pero también sabedor de la cultura del olvido, esa patología que habita en la sociedad mexicana, de corta memoria. Considero que esas declaraciones soslayan el marco constitucional; es obra de Perogrullo.

También adolece de irregularidad el ofrecimiento de la cúpula empresarial a los candidatos debido a la presión de Morena, y su insistencia en la cancelación el proyecto moderno y millonario del NAIM, porque si bien son signatarios de los contratos que sustentan la obra, los candidatos carecen de interés jurídico. Al final de cuentas, la mesa de diálogo ofertada se canceló, quizás después de algunas reflexiones jurídicas, y el costo de las penalizaciones por el incumplimiento de dichos contratos.

Me pregunto si alguien se ha puesto a pensar en el costo millonario por la cancelación de los contratos en el tendido del tren rápido con injerencia china, y que el caprichoso secretario de Comunicaciones jamás ha fundamentado.

Ninguna duda queda de la dupla gobierno iniciativa privada y sus manejos corruptos para la asignación favorable de las obras que se emprenden, bajo un cabildero sutil y no abierto al escrutinio público. Sin embargo, son evidentes las conductas delictivas – aun con nuevo sistema anticorrupción en su entramado penal –  donde los delitos jamás serán tipificados como graves.

La historia de los Contratos, alude a dos personas, cuando dijeron “esto es mío”. Se podría considerar que es el principio del Derecho y de la propiedad privada.

La desafortunada ocurrencia del escritor y director de la Brigada para leer en libertad, Paco Ignacio Taibo II, sugiriendo la expropiación de prestigiosas empresas al comienzo del posible gobierno presidido por AMLO, dio pauta para el discurso del presidente Peña Nieto en el marco de la celebración del Día del Trabajo, en el que hay matices importantes respecto del documental el populismo en América, y que algunos diarios dieron por hecho que National Geographic, transmitiría en estos días.

A estas alturas decir que “No olvidemos que el mayor activo para generar empleos es la confianza; es la confianza que México proyecta dentro y fuera del país…es una confianza que no genera dudas ni temores a los inversionistas, es una confianza que se traduce en el respeto a la propiedad privada”, (La Razón 2/5/18), se traduce también en que se da por descontado que muchos mexicanos no han leído siquiera algunos párrafos del artículo 27 constitucional y a la vez, que en este país desde hace muchos años no existen los contrapesos que hagan frente a decisiones escandalosas contrarias a las instituciones como se ha propagado, ante el escepticismo de los que conforman el llamado voto útil.

El Pacta Sunt Servanda, es decir, que los pactos siempre se tienen que cumplir, continuará su vigencia sea cual fuere el ganador el primero de julio. Se requiere algo más creativo que sembrar el miedo. La sociedad ya no avala la ausencia de facto de la división de poderes.


*Aforismo latino que significa, donde hay sociedad hay derecho.

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