Aquarius

Jorge Luis Serrano Texta

 

Aquarius, es el nombre del barco que se dedica a rescatar migrantes desgraciados y sin destino cierto en el mar Mediterráneo, o en cualquier costa africana desde donde reciba una llamada de emergencia.

SOS Mediterraneé, fue fletado por la ONG Médicos sin Fronteras, para rescatar a 629 personas frente a la costa de Libia, entre las que se encontraban 123 menores – sin acompañantes – y mujeres embarazadas, cuya suerte se decidió bajo la sombra del neofascismo, surgido después de una severa crisis política en el antiguo Lacio, representada por la Liga xenófoba, 5 Estrellas, que ordenó cerrar todos los puertos en el país de la bota del Mediterráneo, como una inhumana señal de endurecimiento, de la nueva política migratoria ofrecida a los fervorosos nacionalistas que admiran el populismo a ultranza.

No es para menos, porque aun cuando existe una corriente permisiva hacia los migrantes que arriesgan su vida en destartaladas barcazas, por ejemplo en la Francia de Macron, los miserables que aspiran a un futuro prometedor, el que no a todos les sonríe como al “Spiderman sin papeles”, un inmigrante de Malí, nuevo héroe de Francia, quien salvó a un niño que colgaba de un balcón, audacia que le valió la promesa de la nacionalidad gala y el ofrecimiento de un trabajo en la estación de bomberos en París, la postura del líder Matteo Silvini es avasalladora, pues no observa a la vida como un valor esencial.

Después de que Malta se negó a cargar con un problema que no tiene capacidad de resolver, los aventureros fueron recibidos en Valencia, España, coincidencia quizás por la llegada de un gobierno socialista, en un acto humanitario en contraste con los gobiernos en franca regresión al fascismo – que han declarado la guerra a la vida; milagro de la naturaleza –, pero el ejemplo es ilustrativo porque hay aspirantes a estadistas en el mejor sentido de la palabra, que no ignoran los tratados en la Unión Europea y de ahí el gesto de respetar la Convención Europea de Derechos Humanos, normatividad garantista, que soslaya quien actúa de forma dictatorial.

Lo espeluznante del hecho radica en que se ajusta a esa realidad que se replica de manera cotidiana, lo que postula el filósofo y ensayista Rob Riemen (Países Bajos 1962), en su libro Para combatir esta era (Taurus, 2018), una preocupación que nos comparte en una excelente entrevista (Ideas, El País, 10/6/18), la que versa sobre la democracia y el fascismo redivivo.

El filósofo refiere que en estos tiempos debemos abrazar la cultura y la nobleza del espíritu. Dice que la democracia se justifica en “la idea central de la dignidad del hombre”; debemos rescatar los valores morales y universales, porque los fascistas necesitan la crisis, el miedo, el odio y los chivos expiatorios. En cierto sentido la democracia de masas se identifica con ese foso abstruso.

La atinada referencia a Nietzsche, hace que brille una luz poco conocida del autor de El crepúsculo de los ídolos, cuando hay una búsqueda incesante de la verdad.

Ese movimiento nacionalista que culpa a todos por lo que han ofrecido a su país y no lo han cumplido – el caso de Trump es el más ejemplificador – y que ha sufrido reveses en Europa, pugna por mantener la hegemonía versus los valores fundamentales.

No podría ser más oportuna la calificación en su estatus fenomenológico de los que persiguen el poder por el poder:

Hoy en día las élites no están interesadas en cambiar la sociedad. Porque si lo hacen, perderán su posición dominante inmediatamente. Lo que debe hacer todo el mundo es darse cuenta de que solo tenemos una vida y que no sabemos cuánto tiempo vamos a estar aquí.

   Nunca como ahora, en pleno posmodernismo impera el egoísmo. Ahora Italia sanciona mediante aranceles a los países que conforman como ella la Unión Europea, por haber cometido la osadía de salvar la vida de muchas personas que huyen de la muerte que siempre los persigue. Ese país, ignora la idea superior de pluralidad entre las naciones, porque los gobernantes solo están preparados para defender el estato quo, puesto que las cúpulas aprueban en secretas sesiones propuestas cruentas contra los desvalidos.

Ese olor fétido tiene el discurso del nuevo líder Matteo Silvini, quien dice que él viene a corregir siete años de retraso en política migratoria y de “buenismo”. En tanto asegura que se trata de un tráfico de seres humanos.

Ese es el argumento que esgrimieron para que esos seres humanos fueran devueltos al mar, porque al final, la enajenación de una minoría será permanente. No importa cuántas vidas se pierdan. De sucumbir los migrantes, la conducta sería equiparable a crímenes de lesa humanidad.


*Aforismo latino que significa, donde hay sociedad hay derecho.

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