La literatura debe ser contestataria: Gabriela Jáuregui

Paola Cortés Pérez

 

“A mí me gusta pensarme como escritora transgénero, es decir, que estoy en los dos géneros: el cuento y la poesía”

Xalapa, Ver., 24 de junio de 2018.- Para la escritora Gabriela Jáuregui, la literatura debe ser contestataria de lo que sucede en la realidad, explicó en entrevista con Universo tras su participación en la XXV Feria Internacional del Libro Universitario (FILU 2018).

La autora mexicana forma parte de Bogotá 39, un grupo de escritores de ficción latinoamericanos (menores de 40 años) considerado el “neo boom” literario, el cual se caracteriza por el descaro en su lenguaje.

“La labor de la literatura no es hacerse de la vista gorda, es dejar huella, ser contestataria, contar las historias y publicarlas”. Es doctora en Literatura comparada por la Universidad del Sur de California y Master en Bellas Artes y Escritura así como en Teoría Crítica.

¿Qué significa para ti pertenecer a Bogotá 39? ¿Cuál es tu opinión?

A mí ese tipo de etiquetas me dan un poco de risa, porque siento que tratan más cosas de mercadotecnia que de literatura.

A diferencia del boom latinoamericano –fenómeno literario ocurrido entre 1960 y 1970–, no creo que tengamos una sola estética o una misión clara de hacer un movimiento entre todos los compañeros y amigos que están incluidos en el grupo; sin embargo, lo que sí compartimos es que nadie es exclusivamente narrador o se dedica sólo a escribir ficción, hay profesores universitarios, editores, periodistas, poetas y demás.

También compartimos la emoción de formar parte de esta lista; las etiquetas igual sirven, pero no hablan de lo que realmente hacemos.

¿Consideras que un escritor debe experimentar con todos los géneros literarios o dedicarse sólo a uno?

No sé, a veces no sabemos por dónde llega la necesidad, si será por una búsqueda estética o porque todos vivimos en un mundo donde ser escritor es una labor poco precaria, por lo que todos tenemos que buscar empleos o perseguir la chuleta por donde se pueda; por eso mismo la necesidad te orilla a hacer otras cosas, las cuales, al final, nutren tu escritura, en el mejor de los casos.

Escribes cuento y poesía, ¿en cuál te sientes con mayor libertad para escribir?

A mí me gusta pensarme como escritora transgénero, es decir, que estoy en los dos géneros, porque en los dos me siento libre.

Lo relevante es el tema a tratar y luego desarrollarlo como lo pide el formato; de pronto te pide ser un poema, con una concisión y economía del lenguaje. Ahora estoy en proceso de escribir una novela, porque eso pedía el tema.

¿Qué opinas sobre el uso de las redes sociales para publicar poemas o cuentos breves, en menos de 280 caracteres?

La verdad a mí no se me da mucho el uso de las redes sociales, hay gente que lo hace súper bien.

Creo que es un medio como cualquier otro, es decir, los artistas plásticos usaron la pintura y la fotografía para expresarse, cuando apareció el video y –ahora– los celulares hicieron lo mismo.

Siento que las restricciones o usos del Twitter y otras redes sociales pueden ser reglas divertidas para jugar y experimentar; he visto poemas divertidos y muy relevantes, pero no lo he experimentado.

¿Las nuevas tecnologías ayudan u obstaculizan la promoción de la literatura?

No me siento como los señores cascarrabias ni nada por el estilo, que están en contra de la tecnología, que están a favor de que muera el Twitter, las redes sociales y el Internet.

Todo cae por su propio peso y hacer libros no pasa de moda, por el contrario, puede servir para descargar un libro en formato PDF de un determinado autor que puede ser difícil encontrar en físico.

El libro ha perdurado a lo largo de la historia de la humanidad, en la actualidad lo ha hecho a través de fotocopias, PDF u otro formato digital. Las redes sociales y la tecnología sí han ayudado, traen con ellas otros tipos de formatos y discusiones, eso siempre nutre.

Eres parte de una editorial independiente, ¿es complicado en México conformar este tipo de iniciativas?

Sí, es difícil, pero es una labor hermosa que tiene muchas recompensas, la financiera no es una de ellas, al contrario invertimos todo nuestro tiempo y dinero personal para llevar adelante la editorial.

Sí es complicado pero se puede llevar a flote, tampoco es que estemos de mártires, aventándonos por el amor al arte; desconozco si es más o menos difícil que en otros países, creo que es difícil ir en contra del mercado editorial, no caer en el bestseller o en el capitalismo voraz, esto es difícil aquí y en cualquier país.

¿Hacen falta más editoriales independientes en México?

Yo creo que entre más gente lea y se elaboren libros bonitos, con temas que interesen, que los hagan con cariño, corazón y calidad, es mejor.

¿Cuál es tu posicionamiento como escritora sobre la violencia en contra de la mujer?

Me parece indignante, me causa mucha rabia y dolor ver que estamos en el siglo XXI y que la gente hable sobre lo mal que tratan a las mujeres en otros países cuando en México la situación es igual o peor.

El índice de feminicidios en México es de los más altos en todo el mundo, es algo preocupante porque soy mujer y tengo dos hijas, pienso en el futuro que les depara si seguimos en un país donde muere una mujer casi cada dos horas, en un mes desaparece un pueblo entero de mujeres, es espeluznante.

¿Cuál debe ser el posicionamiento desde la literatura ante esta situación?

Como escritoras nos toca contar nuestras historias, nuestros dolores, nuestra resistencia, porque detrás de cada historia de dolor también hay historias de resistencia, detrás de cada caso de violencia hay una mujer que ha resistido; de cada mujer asesinada hay una historia que debe ser contada.

Creo que la labor de la literatura no es hacerse de la vista gorda, es contar esas historias, dejar huella, ser contestaría de lo que sucede, así como seguir publicando a mujeres, ponerlas en las antologías, en los estantes de las librerías, porque el no hacerlo es otra forma de invisibilizarnos: una es silenciarnos por la violencia y la otra es por las preferencias del mercado. Una forma de desaparecer a las mujeres, menos mortal y terrible, pero también violenta.

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