La UNAM, presente en la lucha científica mundial contra los plásticos en los océanos

+ Cada año van a los mares entre cinco y 13 millones de toneladas
+ Podría haber más plásticos que peces para 2050
+ Esa basura que arrojamos al mar “nos la vamos a comer de regreso”, remarcó Ana Carolina Ruiz Fernández, investigadora de la Unidad Mazatlán del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM
+ Este esfuerzo internacional está promovido por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Organismo Internacional de Energía Atómica

 

Ana Carolina Ruiz Fernández, investigadora de la Unidad Mazatlán del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM.

Ciudad de México, 18 de junio de 2018.- De no cambiar el nocivo hábito humano de tirar basura en las playas, para 2050 habrá más toneladas de plásticos que peces en el océano, alertó Ana Carolina Ruiz Fernández, investigadora de la Unidad Mazatlán del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL) de la UNAM.

El llamado “gran parche de basura del Pacífico” alcanza 79 mil toneladas de plásticos flotando en un área de 1.6 millones de kilómetros cuadrados, 27 veces la extensión de Sinaloa, especificó.

Los plásticos desechables, como botellas para agua potable, contenedores de alimentos y otros empaques, proliferan a la vista de todos en playas y mares de México y otros países, especialmente después de temporadas vacacionales. Su mala gestión provoca que cada año vayan al océano entre cinco y 13 millones de toneladas.

“Las fracciones nano (partículas menores a 100 micras) ya están insertándose a nivel intracelular en los peces, así que esa basura que arrojamos al mar nos la vamos a comer de regreso”, remarcó.

En la bahía de Mazatlán y en otros cuerpos de agua de esa ciudad sinaloense es evidente el efecto de la contaminación generada por malas prácticas de algunos sectores productivos y de la sociedad en general. El problema se refleja en el desaseo del entorno y en el deterioro de la calidad del agua, que afecta a plantas y animales que habitan los ecosistemas acuáticos contaminados y que pueden ser dañinos para la salud humana.

Ciencia para monitorear y diagnosticar los daños

Para revertir esta tendencia, monitorear algunos mares de América Latina y el Caribe y realizar un diagnóstico de los daños, se lleva a cabo un proyecto internacional auspiciado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que ha unido los esfuerzos de 16 países de la región para implementar un proyecto de cooperación técnica regional.

En el caso de México, Mazatlán es el sitio seleccionado, así que la bahía de ese puerto y el estero de Urías serán las zonas de estudio. El equipo científico, encabezado por Ruiz Fernández, es de la Unidad Mazatlán del ICMyL.

“Este esfuerzo internacional está promovido por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, pero el OIEA tiene el mandato de la ONU del uso pacífico de la energía nuclear. Muchas cosas en el medio marino se miden a través de la radioactividad, por eso este proyecto aplica varias metodologías y procesos basados en esa energía”, abundó.

El OIEA posee el Laboratorio de Ambiente Marino, una instalación especializada ubicada en Mónaco, punta de lanza en la investigación marina utilizando radioactividad. Estudian contaminación por metales pesados e hidrocarburos con técnicas como la espectrometría de masas y la fluorescencia de rayos X, que dan gran precisión y rigor científico.

Monitoreo de microplásticos

Uno de los ejes principales de este proyecto es desarrollar capacidades para el monitoreo de microplásticos en el ambiente costero, a partir de la formación de profesionales en técnicas de recolección y muestras ambientales, e interpretación de este tipo de contaminación.

Como parte de la agenda de este proyecto bianual, en agosto próximo se realizará el “Curso regional de entrenamiento en análisis de microplásticos por la técnica de espectrometría de infrarrojo medio”, en Niteroi, Brasil, para difundir información sobre tipos y cantidad de plásticos en ecosistemas prioritarios de los países participantes.

Los datos originados por la UNAM y el OIEA, derivados del análisis de la arena de playas de Mazatlán y de los sedimentos del estero de Urías, en sinergia con la Operadora y Administradora de Playas de Mazatlán, serán una contribución relevante para el cambio de actitud y mayor responsabilidad de todos en el cuidado de nuestras playas, concluyó Ruiz Fernández.

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