En cada decisión uno se juega parte de la vida: Óscar de la Borbolla

+ 30“Hay que formar lectores no empeñados neciamente en sólo hacer libros, hay que prestarse para salir en los medios de comunicación”
+ “La duda es buena porque evita la precipitación, en lugar de que uno se encampane y se entusiasme sin reflexionar”

 

Paola Cortés Pérez

 

Óscar de la Borbolla destacó la importancia de la duda en la época actual

Xalapa, Ver., 30 de junio de 2018.- El filósofo y escritor Óscar de la Borbolla y Rondero dijo que las redes sociales pueden usarse para atraer a los jóvenes, a través de la difusión de poemínimos, greguerías, aforismos o haikus.

El también profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) fue uno de los autores invitados a la XXV Feria Internacional del Libro Universitario (FILU) y tras su participación ofreció una entrevista a los medios de comunicación de la Universidad Veracruzana (UV).

“Tenemos que formar lectores no empeñados neciamente en permanecer haciendo libros, hay que prestarse para salir en los medios, hacer lo que sea con tal de llegar a la gente que ahora está capturada por una pantalla de computadora o celular.”

Durante la plática habló sobre la importancia de la duda en los tiempos actuales, de cómo atraer a las nuevas generaciones y sobre su experiencia como profesor universitario.

Es de profesión filósofo, ¿cómo y en qué momento decidió ser escritor?
Todo empezó cuando era niño, tendría entre seis y siete años, ya había aprendido a leer porque mi madre –que era maestra– se enfermó y yo le leía poemas por la tarde, en especial un libro de Antonio Plaza, hay un poema que dice:

“Si siempre he de vivir en la desgracia,

¿Por qué entonces murió por mi existencia?

Si no puede o no quiere hacer gracia,

¿Dónde está su bondad y omnipotencia?”

Esa cuarteta, que es del poema A María la del Cielo, marcó las dos vocaciones que he tenido toda mi vida: la de pensador crítico y la de escritor.

Me dediqué, prácticamente toda la infancia, la pubertad y en adelante, a leer poesía y a leer literatura, creí que lo más oportuno era ser profesor de Filosofía, de eso sí se podía vivir. Me metí a estudiar Filosofía, llegué hasta el doctorado en la Universidad Complutense, paralelo a esto seguía escribiendo.

Un buen día me desencanté de la filosofía académica, cuando estaba terminando el doctorado ya me parecía que la historia de la filosofía era el desfile de los absolutos fallidos.

Cuando volví a México tomé la decisión –ya que me había asumido como escritor toda la vida, pero de clóset– de escribir Las vocales malditas. Para mí fue un libro que representó mucho, cada cuento fue escrito con una sola vocal lo que resultaba muy llamativo, inmediatamente me lanzó a una antología muy importante en la que se recogían a escritores latinoamericanos muy importantes, hecha por Julio Ortega, llamada El muro y la intemperie. El nuevo cuento hispanoamericano.

Mi primera publicación de pronto antologada con todos los famosos de Latinoamérica, eso me reconfortó mucho, no me sacó de pobre, ni me volvió famoso, ni me ha conseguido premios ni nada, pero me dio el espaldarazo moral para que yo insistiera en esta vocación literaria y fuera –poco a poco– viendo con desdén una actividad que nunca he abandonado: ser profesor de filosofía.

¿Qué lo impulsa a seguir siendo profesor? ¿Son sus estudiantes la motivación?
Tengo mis altibajos, a veces los odio, depende de la generación: hay generaciones sordas, hay generaciones necias y a veces hay generaciones frescas con inquietudes, que consiguen hasta revitalizarme.

Todo lo que soy se lo debo a la UNAM, a pesar de mis apellidos que suenan de mucho abolengo. Han de saber que me llamo Óscar Ernesto de la Borbolla y Rondero y que mis apellidos fueron sacados del directorio telefónico; había muchos Pérez, muchos López, muchos Hernández y pocos Borbolla y casi ningún Rondero, eso se lo inventó mi madre.

Vengo de una extracción de clase más o menos baja, mis expectativas eran prácticamente nulas y todo lo que soy se lo debo a la universidad. Cuando por fin entré a la preparatoria se me empezó a ampliar el mundo, cuando llegué a Ciudad de Universitaria y vi el mundo el entero, pues di este gigantesco paso que se da cuando uno sale de la aldea, de su rancho.

He podido vivir y hacer una vida decorosa siempre gracias a la universidad, le tengo un amor total y espero que me saquen de ella muerto, morirme en funciones, porque finalmente es placentera, pero a veces te juro que los odio, porque siempre hay algún idiota o muchos y es peor cuando hay muchos; pero normalmente el trato con los jóvenes me gusta.

Ha escrito cuento, poesía, ensayo, crónica ¿qué género ha disfrutado más?
Cada que escribo un tipo de género me siento a gusto en él y mientras lo estoy escribiendo me encanta. Para hacer el cambio de género con mayor facilidad, me sucede como cuando me he vuelto a casar, empiezo a odiar a la esposa anterior para facilitar las cosas con la actual y así voy cambiando los géneros literarios.

Hice mucho tiempo poesía, luego novela, cuento, hago ensayo, lo que nunca se me ha dado y lo he intentado muy poco es el teatro. En realidad no tengo un favorito.

Publicó el libro El arte de dudar, ¿En estos tiempos qué tan imprescindible es hacerlo?
En estos tiempos electorales la pregunta es ociosa, hay que dudar hasta de uno mismo, porque como somos manipulados por los medios, por la guerra sucia y por tanta cosas, si nos la creemos y no pasamos por el tamiz de la razón un montón de afirmaciones que se hacen, corremos el peligro de que nos lleven como rebaño al matadero. Entonces, más que nunca, hoy hay que dudar.

Generalmente la duda es buena porque evita la precipitación, en lugar de que uno se encampane, se entusiasme y sin reflexionar se lance por la opción que parece más atractiva, siempre es bueno darle dos o tres vueltas antes de entregar parte de la vida, porque en cada decisión uno se juega la vida.

En una entrevista publicada en El País Jürgen Habermas dijo “No puede haber intelectuales comprometidos si ya no hay lectores a los que seguir llegando con argumentos”, ¿coincide con él?
Tiene toda la razón, lo que pasa es que si no hay lectores hay que hacerlos, hay que construirlos no empeñados neciamente en permanecer haciendo libros, hay que prestarse para salir en los medios a hacer radio, cine, lo que sea con tal de llegar a la gente que ahora está capturada por una pantalla de computadora o celular. Hay que asomarnos allí donde la gente está, hay que buscar dónde está el ágora y creo que está en los medios.

Sería muy cómodo quedarse esperando a que alguien produzca los lectores, el Estado no ha metido las manos para producir lectores, todas las campañas han sido totalmente malas, no ha habido una política pública que, por ejemplo, incentive 15 minutos de lectura en todas las primarias, no lo hay. Hay que construir los lectores.

¿Cómo construirlos? ¿Qué mecanismos usar?
Podría ser a través de programas de radio como El café de los prodigios ─conducida por él─, o de televisión, como en el que actualmente participo, La hora elástica de TV UNAM; se puede hacer que la gente que escucha radio o ve televisión se interese por temas más hondos.

El café de los prodigios, fue una serie muy bonita, tenía una pista anecdótica muy sencilla: una alumna que se encuentra con su profesor en un café, a quien le planteaba un problema personal en particular, el cual se hila en anécdotas de personajes históricos y esto ocasiona la curiosidad entre el público.

Actualmente los jóvenes consultan los medios digitales como único medio de comunicación e información, ¿cómo trabajar en estas plataformas para generar pensamiento crítico y alentar la lectura?
Conozco muchos intentos por adentrarse a las redes sociales, específicamente Facebook y Twitter, hay por ejemplo concursos de tweets con contenido literario, hacen novelas o cuentos colectivos con tweets, o un cadáver exquisito como el que jugaban los surrealistas.

Hay muchos intentones de este tipo, el Twitter puede ser un espacio ideal para el aforismo, género literario valioso que consiste en sintetizar en pocas palabras una idea profunda. También puede utilizarse para difundir poemínimos, como los de Efraín Huerta; greguerías, aforismos o haikus; sería cuestión de meter ingredientes nutritivos al medio e ir generando interés entre los jóvenes.

Hay ahora una nueva forma, los youtubers, que son generalmente jóvenes que dicen pura idioteces; habría que buscar asomarse por este medio, si la gente ve estos medios, entonces allí debemos estar. Tenemos que ir a donde está la gente, no hay que esperar a que venga y ponerle lo que uno cree que es valioso.

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