Némesis derrotada

Jorge Luis Serrano Texta

 

Son más bellos los sueños de los locos que los del hombre sabio, sentencia Baudelaire en su poema La voz, aforismo que mutatis mutandis, se ajustaría al final feliz de la historia política en busca de la Presidencia de la República, que Andrés Manuel López Obrador llevó a cabo durante doce años, merced a la generosidad de una democracia imperfecta quizás, pero el domingo anterior, ese elemento que conforma al Estado mexicano – población –, dio cabal pronunciamiento de lo que espera de la institución que fue acunada en la antigua Grecia.

La señal enviada, rechaza evidentemente cualquier guiño para coquetear a la dictadura – la perfecta menos, acuñada por Vargas Llosa – dada la legitimación que se ha brindado al virtual presidente de México, un voto masivo sin precedente, de ahí que el discurso preparado con antelación – de sorprendente mesura – a la confirmación de los sondeos, es proporcional a la sed de cambio manifestada en las urnas, surgida de la entusiasta participación de la sociedad. El compromiso ofrecido no contiene ni un vocablo que haga apología de la venganza ni de futuras actuaciones fuera del marco de la ley.

La respuesta del gobierno actual para aceptar una transición tersa y pacífica, es en verdad extraordinaria y deja ver otros hechos violentos, que contrastan con la civilidad mostrada en la jornada electoral que opaca de manera rotunda lo que sucede en Puebla. Es notorio que poca tolerancia se podía esperar de un   camaleónico Miguel Ángel Barbosa, quien representa uno de los varios errores de un movimiento que se gestó para hacerle frente a un bipartidismo, que corre el peligro de extinguirse en el poder público mexicano.

Aquellas son acciones caciquiles, un culto a los episodios que Martín Luis Guzmán plasmó en su emblemática novela La sombra del caudillo, pues ahora apelan a una renovación de las formas, y como claro ejemplo, se encuentra el reconocimiento al triunfo de Morena, expresado con gallardía por los candidatos perdedores. Los libros de texto gratuitos, registrarán puntualmente esta postura de madurez que el mundo celebra, porque confía en un país sumido en la violencia.

En mayo de 1981, el viejo UnomásUno publicó en su primera plana una fotografía en blanco y negro añorado, en la que aparece un joven frente a los emblemáticos puentes parisinos – personajes tristes que habitan la portentosa Rayuela de Julio Cortázar –, con una botella de Champagne, festejando el triunfo del candidato socialista Francoise Mitterrand. Ya la historia ha juzgado al culto estadista francés.

Enmarqué esa fotografía y aún cuelga en mi modesto despacho junto a otra portada de Sábado, suplemento cultural que dirigía el maestro Fernando Benítez, en la que destaca F. M. Dostoievsky. Me pareció que ambos eran símbolos de cambios importantes en diferentes momentos históricos. Mis clientes y amigos me preguntan frente a esos íconos el por qué los exhibo, y mi respuesta es que forman parte viva en el devenir de la humanidad. Uno de ellos me dijo que a ese ritmo hasta un kilómetro de pared blanca sería insuficiente.

Los acontecimientos históricos del 2000 en cuanto a una elección presidencial ya no asoman en la iconografía que me rodea, pero creo que amerita rememorar la fundamental alternancia política, lograda por el PAN de Castillo Peraza y otros brillantes líderes que desperdiciaron el bono democrático en la persona de Vicente Fox, pervirtiendo de muchos modos el mandato recibido en detrimento de las instituciones constitucionales.

No dudo que lo sucedido el pasado primero de julio sea un acontecimiento histórico relevante, porque dan ganas de guardar en el baúl de los recuerdos todo lo publicado tanto en los rotativos nacionales e internacionales comenzando por lo que hemos vivido en estos cinco días de los que han fluido buenas señales de una democracia que el pueblo mexicano siempre ha considerado como una arcana entelequia.

Con ello, tampoco queda duda de que el sentimiento social recogido en el artículo 39 de nuestra Carta Magna, ahora más que nunca está correspondido, porque una amplia mayoría de la sociedad ha definido la abstracción de la soberanía. “Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste”.

Este nuevo marco político (que ahora está en los portales digitales), servirá para recordar que el próximo presidente de México, puede presumir que finalmente derrotó a su némesis, la que lo persiguió en su afán de castigar la desobediencia cometida durante los doce años que preceden a este momento, en que las instituciones del Estado claman reconciliación y concordia.

Sin embargo, es muy temprano para vaticinar sobre el cabal cumplimiento de lo expuesto en el Proyecto de Nación 2018-2024, aunque posee un voto aplastante que le da el beneficio de la duda.


*Aforismo latino que significa, donde hay sociedad hay derecho.

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