Rasero, el sueño de la razón

Jorge Luis Serrano Texta

 

Tres sueños surrealistas se han propagado en México: el Presidente electo, dice que no existe un fideicomiso oscuro, que el hampa de la prensa calumnia, y que lucen notorias coincidencias con el presidente Donald Trump. Un exceso, aunque no se dudaría respecto del ataque incesante contra los medios informativos que son referentes universales.

Dejemos un momento el ámbito transicional y permítanme, estimados amigos, compartir mi experiencia en la relectura de una excelente novela escrita por Francisco Rebolledo:

Dice el autor de Solaris, Stanislaw Lem, que el mercado literario ha matado a la Literatura y que Harry Potter, es como opio para las masas, pero cuando las editoriales se dan a la tarea de reeditar obras como Rasero, el sueño de la razón (Joaquín Mortiz, Planeta, 1993, 2004, 553 pp.), renace la idea de que la novela histórica goza de una saludable vigencia y contradice a los apologetas de la inminente desaparición del libro como fuente del conocimiento.

La novela aborda desde su interior la vida de Fausto Rasero, el más lúcido intelectual de la estirpe de los Oquendo, originarios de Málaga y en cuya familia se contraponen la virtud religiosa y los excesos llevados al punto de la blasfemia.

A pesar de tan disímbolos antecedentes y al meteórico avance en sus estudios con la ayuda de eminentes tutores, el joven Fausto es enviado a la Corte del rey Felipe IV, donde perfecciona sus conocimientos abrevando en la magnífica Biblioteca Real de Madrid. No obstante, el incipiente científico guarda un secreto que lo acompaña desde su infancia: al ser amamantado por su nodriza y en su primera relación sexual, erótica amorosa, cuando alcanza el orgasmo tiene visiones de acontecimientos que suceden en un futuro, doscientos años distante de su época.

Así se van plasmando en momentos oníricos y en un desdoblamiento del subconsciente de Rasero, hechos como las conflagraciones mundiales, el holocausto, la guerra de Vietnam, la creación de artefactos cada vez más sofisticados para aniquilar al ser humano y el maravilloso viaje de Yuri Gagarin al espacio estelar.

Ambientada en el siglo dieciocho en la Francia del esplendor científico, humanístico y artístico representada por los emblemáticos enciclopedistas como D’ Alembert, J. J. Rosseau, Diderot, Buffon, et al, quienes tuvieron el valor de servirse de su propia razón ¡sapere aude! (E. Kant dixit), con el propósito de crear un proyecto común que se enmarca en la idea de liberar al mundo de la estulticia y estupidez, un sueño inoculado por el desaliento de la confesión del marqués de Rasero quien sostiene que pese del enorme avance del hombre en el dominio de la ciencia, la humanidad continúa sembrando la semilla de terror y la destrucción.

No le faltó razón a Voltaire en una de sus reflexiones filosóficas: “la especie más inteligente de la creación es también la más despiadada y sanguinaria”.

Rebolledo despliega un estilo contundente y una prosa minuciosa, como una demostración en un laboratorio de química, afición cara al protagonista. El autor utiliza el lenguaje con escalpelo de perito colocando cada adjetivo y atributos de sus personajes en su justa dimensión y sin caer en el barroquismo. Un narrador omnisciente describe magistralmente las profusas historias que se van engastando a lo largo del libro. Sorprende el ritmo vertiginoso cuando el autor da vida al ente que sueña al vidente, a su vez, el trasvase como inexorable subconsciente y a la inversa ad infinitum.

Hay destellos de humor inteligente que nos remite al mejor García Márquez, como en el caso de la mujer penitente “por un anhelo confesado”, la que se inflige quemaduras “en el sitio donde hormiguea el deseo”, al grado de causarle la muerte, y descripciones apabullantes como los dos tomos de una disciplina – la Química como ciencia – en la biblioteca de Diderot, llevándonos a un recorrido en su interior para saber desde Calínico hasta Avicena y Paracelso, advirtiendo un bello guiño al recuento de las naves en la Iliada de Homero.

Rasero es una pequeña enciclopedia y guarda espléndidas historias independientes que se entrecruzan destacando, la portentosa filosofía (Diderot), la supremacía del poder religioso y los horrores de la inquisición (Damiens); la desmitificación de uno de los símbolos de la ilustración universal (Voltaire), la sublimación del alma a través de la música creada por uno de sus más conspicuos maestros (Mozart).

Irrumpen el amor el erotismo y el encuentro de dos mundos en el apartado que sirve de punto de inflexión entre el conservadurismo y la modernidad (Mariana). El exquisito arte de la diplomacia y su cercanía a la Corona, están presentes en Madame Pompadour; valores como la generosidad, la solidaridad y el compromiso con la ciencia cobran un especial encanto con (Lavoisier), mientras que la crítica a la burocracia posrevolucionaria, el rechazo a la militancia partidista, las ideas de don Fausto como lúcido estadista y la soberbia del poder absoluto, todo eso lo encontramos en el capítulo dedicado a Robespierre.

Finalmente, como afortunado complemento la fusión de la pintura, el Apocalipsis de San Juan y la memoria de Rasero: Por qué os desprecio (Goya).


*Aforismo latino que significa, donde hay sociedad hay derecho.

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