Motivaciones republicanas

Jorge Luis Serrano Texta

 

Una especie de mosaico político redivivo se fue ampliando durante el interregno presidencial, más pujante y significativo aún que en otros períodos constitucionales, por la fuerza de los votos que otorgaron una legitimación avasalladora jamás vista en la historia democrática de México, la que continuará hasta diciembre, y que ha culminado felizmente en la primera etapa de motivaciones republicanas, con la ceremonia solemne en el recinto del Alto Tribunal electoral alusiva a la entrega de la constancia de mayoría, después de grandes expectativas sin precedentes, y que acredita a Andrés Manuel López Obrador como Presidente Electo.

Al fin, la calificación de la elección del primero de julio tendría que ser impecable, pues la preparación del escenario jurídico, requirió de una semana. El TEPJF no desea cuestionamiento alguno. Vengan entonces, los 150 millones de pesos para el período de transición. Nada se le debe escatimar al nuevo Gobierno.

Sólo falta la formalidad – si hablamos de federalismo así debe ser – en la que dentro de las facultades exclusivas de la Cámara de Diputados – un exceso, me parece – expida “el Bando Solemne para dar a conocer en toda la República la declaración de Presidente Electo que hubiere hecho el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación” (artículo 74 fracción I de la CPEUM) y de ahí, a esperar otro momento histórico y protocolario cuando, al que medios de información internacionales lo asumen como líder de izquierda, sea investido con  la banda presidencial ante la presencia de una mayoría legislativa del partido político que lo llevó al poder. Así, dará comienzo la llamada cuarta transformación de México.

Ese mosaico acrisolado, lleva un bagaje de sorpresas que se han comunicado abiertamente a la sociedad, desde los nombramientos claves, polémicos, sobre todo a los ojos de las redes sociales – en los que se dieron reacciones fantásticas y ejercicios que ayudaron a retorcer difíciles proposiciones aristotélicas para justificar las designaciones administrativas – hasta los foros de pacificación donde las voces de las víctimas tendrán presencia predominante, porque existe la necesidad de continuar hablando de la Ley de Amnistía – Olvido no; perdón sí, AMLO dixit – un ordenamiento en su categoría de iniciativa de Ley, que lleva un buen avance según lo adelantó el futuro titular de la futura Secretaría de Seguridad Pública, propuesta que no ha sido bien recibida del todo.

También hubo un discurso rescatable sobre la bien aprendida lectura del señor de la Brède, Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu; de la historia contemporánea de cacicazgos en nuestra nación y se envía la buena señal porque “no seré poder de los poderes”, según lo manifestó el próximo jefe del Ejecutivo Federal, aunque el poeta Sicilia no lo crea, lo que es absolutamente respetable.

Lo anterior parte quizás de otra buena lectura del artículo 80 de nuestra Carta Magna, y ya piensan podar el adjetivo y superlativo Supremo: “Se deposita el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo de la Unión en un solo individuo que se denominará Presidente de los Estados Unidos Mexicanos”, párrafo que establece una escandalosa diferencia con los numerales que norman a los otros poderes. Es decir que desde el Jefe máximo de la Revolución la tentación de los contrapesos se asumía de manera soslayada. Es bueno, aunque sea una perogrullada, que de facto se exprese el respeto a la división de poderes.

Otra sorpresa en el ámbito judicial fue la liberación de la ex lideresa sindical Elba Esther Gordillo, quien fue absuelta de las acusaciones por las que estuvo detenida cinco años y medio.  Una fallida PGR al mando del Jesús Murillo Karam, le fincó ilícitos con fundamentos endebles. Ni la oportunidad del proceso penal inquisitivo, borró la imagen de un debido proceso politizado. Pero el Poder judicial hizo lo suyo y la noticia ha sido recibida con beneplácito. Nuestro marco jurídico tan vilipendiado desde tiempos inmemoriales, “funciona” correctamente.

Un espejismo sin duda. Una muestra de que el poder no le tiene miedo al poder: A la cuestión judicial la engulle la negociación política.

Todo se desprende precisamente de la intervención del poder que se niega a ser poder de los poderes. La defensa a ultranza de algunos medios de información sobre la impoluta figura de quien a ojos de todos los mexicanos navegó en un mar de corrupción, es una advertencia velada que trata de equiparar la “reconciliación nacional”, con estos pésimos ejemplos los que distan mucho de la preclara conducta que haga honor a la honestidad, a la austeridad republicana y a la limpieza de una casta anquilosada.

De pronto hay momentos de desaliento y sin adelantar vísperas, es notorio que algunas decisiones no son del agrado de los votantes que ansían un cambio verdadero.


*Aforismo latino que significa, donde hay sociedad hay derecho.

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