La moda de la moda que viene

Arturo Reyes Isidoro

 

¿Importa cómo vista un funcionario público, un legislador, o mejor que dé resultados?

No hago la pregunta para abrir una consulta, que por lo que ya estamos constatando, el sexenio que viene será el de las consultas para tomar decisiones.

¿El funcionario del nivel que sea, el diputado o senador, deben vestir con propiedad (atributo o cualidad esencial de alguien o algo, según una acepción del Diccionario de la Real Academia Española)?

Vestir un funcionario o legislador en México con “propiedad” (eso creo interpretar) ha sido no sólo que ande bien bañado y rasurado, sino también bien vestido, de preferencia con zapatos lustrados, con traje y corbata (algunos acostumbraron agregar perfumes caros y relojes de precio millonario) de los que les llaman de marca, o sea, no con cualquier traje de burócrata de segunda, tercera, cuarto o quinta.

¿Debe ser así (vestir con propiedad) por respeto a su investidura y a la población a la que representa?

El vestir bien de los funcionarios dio paso a una práctica de la que se derivó un dicho: como te ven (vestido) te tratan.

Así fue o ha sido. A mi paso por la función pública (30 años) pude observar actitudes discriminatorias por parte de simples recepcionistas hasta de los más altos funcionarios con quienes llegaban a las oficinas para el trámite de algún asunto pero vestidos “de pueblo”.

Podía llegar el tipo de la peor calaña a pedir una audiencia, pero si iba bien trajeado ofreciendo una imagen de alguien importante aunque no lo fuera, se le abrían las puertas de par en par y sin hacerlo esperar.

Pero si iba Juan Pueblo vestido de la forma más sencilla, modesta, aunque fuera la persona más importante y representativa de su comunidad por ser un ciudadano de bien, productivo, lo trataban con desdén, lo hacían esperar horas en la antesala y a veces al finan ni lo recibían.

Entre la misma burocracia había la creencia de que entre mejor vestido viera el jefe al subalterno o al empleado, mejor lo trataba.

Por eso no era cuestión de burlarse cuando aparecía algún ciudadano buscando una audiencia vistiendo un traje que le quedaba grande, o que llevaba un saco que no hacía juego con el pantalón, o que portaba una corbata mal anudada y que le llegaba solo al pecho. Intentaba, justificadamente por el mal trato al que se exponía, que lo trataran bien, con consideración, por cómo vestía.

¿A qué todo este largo preámbulo? A la forma en que visten los funcionarios y diputados de Morena que vienen, desde el gobernador electo hasta los diputados locales.

Rara vez, muy rara vez se ha visto a Cuitláhuac García con traje y corbata. No creo que no sepa lo que es vestir bien. No quien vivió seis años en Europa, cuatro en Inglaterra y dos en Alemania.

A quien será el segundo a bordo en su gobierno, Eric Cisneros Burgos, desde que aparece en público o para la foto, tampoco se le ha visto siquiera de guayabera (clásica, filipina, de plumín, huasteca o presidencial). Viste más como el ingeniero agrónomo que es, como si fuera al campo: zapatos o botines, pantalón de mezclilla y camisa de algodón manga larga o corta sin ningún lujo.

¿Es que están tratando de imponer una nueva moda en el vestir a quienes serán funcionarios o representantes populares en el sexenio de Morena?

La pregunta se me antoja por la foto que distribuyó el equipo de prensa de Cuitláhuac el lunes (y que me da pie para este comentario) donde se ve al futuro nuevo gobernante con los nuevos diputados federales de su partido, todos vestidos de la forma más sencilla posible, informal, como viste cualquier persona de clase media para abajo que va a su trabajo o a realizar su vida diaria.

El grupo hace estar fuera de lugar, en offside, al diputado por Xalapa, Rafael Hernández Villalpando, quien es el único visible que vistió con corbata amarillo claro, camisa azul pastel, pantalón negro y saco beige (hay otro que fue con traje pero sólo se le alcanza a ver el saco oscuro), informal pero con propiedad, mientras que el resto de sus compañeros (hombres y mujeres) vestían pantalón de mezclilla, zapatos tenis, ellas con algún saquito, ellos con chamarra o guayabera, Cuitláhuac con camisa manga larga color rosa claro.

O sea, nada que ver con la vestimenta de los funcionarios o diputados del PRI o del PAN, menos cuando iban a la Ciudad de México y sabían que se iban a retratar con el gobernador, porque entonces lucían trajes caros y a la moda.

Los tricolores o los azules se vestían bien porque normalmente eran gente de muchos recursos económicos acumulados a su paso por distintos cargos o por los negocios que hacían al amparo del poder, o bien, los más modestos, porque pedían prestado para comprarse la mejor garrita sabiendo que ya en el poder pagarían hasta con creces, se emparejarían y pronto serían nuevos ricos. ¡Ay qué tiempos señor don Simón!, como diría el título de aquella inolvidable película de Julio Bracho.

¿Vestir informal, sin importar si combinan los colores de su vestimenta, sin que la ropa sea “de marca”, llegar a despachar en tenis y con pantalón de mezclilla, será el uso común de los nuevos funcionarios y diputados de Morena?

Si es así entonces los próximos a quebrar serán los “almacenes de prestigio”, aquellos que venden trajes caros, de “marca”, corbatas de moda de fina calidad, camisas de marcas prestigiadas, zapatos de piel finos, perfumes, vestidos o conjuntos de la mejor calidad, zapatos o zapatillas no al alcance del pueblo, bolsas de las marcas más caras, etcétera.

Quebrarán porque el vestir informal será la moda y ya ni siquiera a los burócratas les interesará comprar así sea el más barato de los trajes, porque también se van a presentar tal vez hasta en alpargatas a atender a la gente.

Desde el gobierno siempre se ha impuesto moda. Luis Echeverría, por ejemplo, impuso el uso de la guayabera, la llamada “presidencial”, y todo mundo usaba guayabera (su mujer María Esther Zuno, la “compañera María Esther” impuso la moda de vestir con trajes típicos regionales de los estados o de servir horchata, agua de limón, de jamaica o de chía en algunas fiestas en el Palacio Nacional); José López Portillo impuso las playeras con cuello “de tortuga”; acá en la aldea, Fidel Herrera Beltrán impuso el color rojo, mandando a pintar de ese color hasta los palacios municipales. En fin.

El closet puede estar esperando ya los trajes, la vestimenta formal que pronto, ¡ay!, pueden pasar a ser un recuerdo, solo unos artículos nostálgicos. Hasta para ese cambio hay que prepararse.

Creo, casi estoy seguro que no faltará quien diga que los que vienen vistan como se les dé la gana (su rechingada gana iba yo a escribir, pero pueden decir que es una “grosería”) siempre y cuando ofrezcan resultados, resuelvan los problemas y no se roben el dinero del pueblo. ¿O sometemos el tema a consulta para que el pueblo diga, decida cómo deben vestir los morenos ya en el poder?

Necesaria aclaración

Una persona bien informada me aclaró ayer que los centros de salud de todos los estados del país no abren ni sábados ni domingos; que hacerlo implicaría contratar más personal con la consiguiente erogación económica. Lo creo como creo que es mi obligación profesional aclararlo.

Entonces a eso se debió que el futuro Secretario de Gobierno Eric Cisneros encontró cerrado el de su pueblo Otatitlán, así como el de Tlacojalpan, y que entonces será un reto del gobierno de Cuitláhuac García garantizar que “eso no va a ocurrir más a partir de diciembre” como ofreció el cuenqueño.

Dato adicional: en sus visitas lo acompañó el  doctor Roberto Ramos Alor quien será el futuro Secretario de Salud. Otro dato adicional: el propio médico de Coatzacoalcos confirmó que ya recorrió las unidades médicas del Estado, que ha constatado el desmantelamiento y abandono de todas las instalaciones y estructuras de salud, ¡pero que provienen de “gobiernos anteriores” al de Miguel Ángel Yunes!, que en dos años la actual administración no tuvo tiempo suficiente para hacer lo necesario. ¡Chin! Lo corrieron “gacho” y ahora los justifica. Esa es generosidad.

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