La piedra lunar

Jorge Luis Serrano Texta

 

Raymundo Collins Flores, es el jefe de la policía de Ciudad de México, la urbe en la que el crimen se adelanta a la autoridad. Su primer apellido es el mismo del excelso escritor británico de novela policial, Wilkie Collins, al que Borges rindió homenaje en su célebre Biblioteca personal, recomendando La piedra lunar, un libro continuador del género fundado por Edgar Allan Poe.

Por supuesto que ni por remota y absoluta situación sideral ni especulación de respetable fe zodiacal, debería haber alguna relación con el creador del sargento Cuff, detective que amaba la rosa musgosa y que merced a su actividad de sabueso, llevó a los tribunales a la joven que hurtó la esmeralda, un anatema hindú – la extensa carta en la que narra su culpabilidad es todo un expediente sin precedente, incluso como lección para todo investigador ministerial e imberbes aspirantes a ministerio público – pues allí se encuentran todos los elementos de prueba para lograr la contundente acusación en un sistema penal que la historia ha difundido como uno de los mejores de todos los tiempos.

Ignoro si el proactivo jefe policial capitalino haya leído esa novela emblemática – intuyo que quizás sí – porque dice que a pesar de que a los presuntos delincuentes que sus elementos atrapan en flagrancia, “hemos detenido sujetos que han estado 16 o 17 veces entrando y saliendo de las prisiones locales, (La Jornada 19/8)18), “no podemos quedarnos en la pasividad por el hecho de que haya un código que les permita la facilidad de salir”.

Una nota perdida en las páginas de un diario, puede arrojar un cúmulo de interpretaciones, además, ciertas preocupaciones sobre un sistema penal acusatorio que desde el 2008, es objeto de críticas y sugerencias de ajustes. Actitud justificable, porque nuestro entorno judicial acusa años de atraso comparativamente con los integrantes del Common Law, por ejemplo, y existe la percepción de que el Código penal es “a favor de la delincuencia”.

Antes de dejar el cargo de jefe de Gobierno de Ciudad de México, el abogado Miguel Ángel Mancera – de quien se dice está ahora detrás de una nueva publicación cotidiana en ciernes que se distribuirá de manera gratuita en la gran urbe – señaló que, dados los beneficios en las reformas penales, miles de reos que purgaban condenas, engrosarían las filas de la delincuencia apenas pisaran la calle.

Su dicho se refleja actualmente en las calles de nadie, pues es evidente que el crimen tiene la posesión de territorios sensibles, una infección que se ha escondido hasta el cansancio durante un sexenio, y que la inopinada realidad se ha encargado de desnudar. Las primeras planas de los rotativos, resaltan la sangre púrpura que salpica en la sede de los poderes de la Unión.

Collins reta a la sociedad a que con inusual empatía asuma la tarea de atrapar delincuentes, esperar el proceso y en unos cuantos días se entere que el imputado ya está libre. ¡Oh! decepción, pero al final de cuentas acepta que es su labor y que tendrán que hacerlo cuantas veces sea necesario.

Una crítica que viene de un funcionario que se enfrenta de manera cotidiana a un cáncer que parece terminal, que no deja espacios para la tan buscada pacificación, es muy importante tomarla en cuenta. No es que en el fondo la normativa para el nuevo sistema no tenga utilidad, lo que importa es la reconsideración de algunos delitos que nunca debieron quedar fuera del numerus clausus, de delitos graves. Por ejemplo, el delito de portación de armas.

Nos preguntamos por qué en otros países sí funciona la confianza respecto de medidas cautelares, como en el caso del señor Bernard Madoff, un simulador financiero que defraudó a incautos inversionistas por 64,800mdd: “que se jodan mis víctimas por ambiciosos” (Wikipedia). Al enterarnos que de acuerdo al debido proceso un juez decidió que se fuera a casa mediante la fijación de una fianza, dijimos es injusto y vergonzoso. No. Actualmente purga una condena de 150 años pues se le encontró culpable.

Aquí, a ese delito siempre tratan de agregarle otros que difícilmente se podrán probar como en el caso de la maestra Gordillo: la autoridad ministerial a sabiendas de que una información que sólo un juez podía ordenar a la CNBV– una lectura básica al artículo 16 constitucional –se convirtió en una prueba ilícita, de ahí el triunfo del abogado Del Toro, al demostrar que el debido proceso fue violado. La imputación del delito de operaciones con recursos de procedencia ilícita se desvaneció.

Hace años, en una entrevista, el señor Obrador Capellini dijo que estaba optimista sobre su responsabilidad para combatir a los criminales porque, “he leído mucha novela policial”.


*Aforismo latino que significa, donde hay sociedad hay derecho.

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