Culto a la personalidad

Arturo Reyes Isidoro

 

La noticia la supimos porque el mismo equipo de prensa del gobernador electo Cuitláhuac García la dio a conocer: una calle de Huiloapan llevará su nombre.

Huiloapan de Cuauhtémoc, su nombre oficial, es un municipio de la región de las Altas Montañas, en el área de Orizaba.

La especie la confirmó el Ayuntamiento que preside José Gabriel Flores Sarabia en su página de Facebook.

Oportunamente, como viene ocurriendo, el jueves por la noche se difundió la agenda informando que el viernes el electo estaría a las cuatro de la tarde en Huiloapan “para inaugurar obra pública”.

Esa obra consistió en la red de drenaje sanitario en una colonia. También entregó nuevos uniformes a la policía municipal.

Salvo un pequeño texto de cinco renglones y medio informando lo antes señalado, no se dieron más detalles de la visita.

Busqué en la prensa regional pero en ninguna se dio cuenta que en acto público se hubiera informado lo de la calle Cuitláhuac García.

La información oficial es imprecisa porque no se sabe si la pavimentación ya está concluida y fue inaugurada, si está en construcción o si se tiene pensado hacerla.

Me extraña sobremanera que el gobernador electo haya permitido tal desatino político porque el hecho abrió el paso al culto a la personalidad en su administración cuando ni siquiera es proclamado gobernador constitucional y cuando todavía no se tienen los resultados de su gestión y por lo tanto no se sabe sí será merecedor de que alguna obra lleve su nombre.

El culto a la personalidad lo practicaron, y de qué forma, los priistas en su época de esplendor, poniendo su nombre, o el de su esposa, a calles, mercados, colonias y a las más diversas obras y espacios públicos, o construyendo estatuas de su persona para perpetuar su nombre. Pensé que los de Morena, que tanto han criticado a tricolores y a panistas, no caerían en esa práctica.

La historia del país da cuenta de muchos casos en que los mexicanos, agraviados por esos políticos convertidos en autoridades se vengaron del daño sufrido derrumbando las estatuas o quitando a la obra, a la calle o al sitio público el nombre del mal servidor.

El voto de los mexicanos (incluidos los veracruzanos) el pasado 1 de julio fue también para evitar que se volvieran a repetir esas prácticas del culto a la personalidad, propias de delirios de grandeza.

Da qué pensar lo ocurrido. ¿Si eso ha ocurrido cuando no se cumplen ni dos meses del triunfo de Morena, esperaríamos que ya investido formalmente de poder el gobernador García, el territorio estatal se llene de obras, calles y sitios públicos con su nombre?

¿Quién asesora al gobernador electo? ¿No hay nadie que le advierta de sus errores? ¿No tiene cerca a nadie que le haya dicho que estaba cometiendo una grave infracción política al aceptar que le impusieran su nombre a una obra pública cuando ni siquiera el presidente electo Andrés Manuel López Obrador lo ha hecho y quizá ni lo hará y hasta repruebe tal práctica? ¿Que al permitirlo y aceptarlo rebasó ya al presidente que además es de su partido?

Para evitar esos errores, que pueden llegar a ser muy costosos, para eso deben estar y servir también las áreas de comunicación social, los responsables; no solo se trata de enviar boletines de prensa sino de constituirse en un filtro para cuidar y parar la información que pueda dañar la imagen del gobernante y la institución, y eso solo lo hace alguien con criterio político y experiencia, cosas que no se improvisan.

Por experiencia sé que a los gobernantes no les gusta que les digan que no o que alguien se atreva a contradecirlos parándoles una información, y se ponen furibundos de momento y amenazan con cesar al responsable, pero al final terminan agradeciéndoselo.

Digo que esos errores pueden llegar a ser muy costosos porque ese hecho puede marcar el arranque para que los medios, la prensa, lo hagan objeto de las primeras críticas y de señalamientos de reprobación, con el consecuente daño a su imagen. Por lo menos ahora ya dio pie para que en el futuro le saquen a relucir el hecho.

Creo que por ahora, algunos o la mayoría de los medios le han dado un periodo de gracia esperando a ver si les otorgan publicidad con el consiguiente estipendio, por lo tanto se la van a guardar; si no, entonces se acabará la luna de miel y vendrá la de hiel.

Es indudable que Cuitláhuac García llega sin experiencia administrativa y también política gubernamental, y lo que anda haciendo ahora, viajando por el Estado, le está sirviendo de experiencia; en realidad está en una curva de aprendizaje, pero creo que sus viajes y visitas no están bien planeadas por cuanto no se le prepara para enfrentar cualquier circunstancias que se le presente, como la ocurrencia de Huiloapan, que me atrevo a pensar que fue una ocurrencia del alcalde para quedar bien con él.

Por lo que leo, escucho y veo, sin todavía saber exactamente de cuántos recursos económicos va a disponer, prácticamente dice que sí a todos los planteamientos que le hacen. Se debe ver en el espejo de Miguel Ángel Yunes Linares que creó tanta expectativa y no cumplió y en la misma proporción es objeto de críticas, señalamientos y rechazo de los veracruzanos.

Tantos años tratando a los hombres del poder y en el poder, me atrevo a vaticinar que por más que traiga ahora el discurso de campaña, conforme pase el tiempo, inevitablemente Cuitláhuac va a cambiar, incluso aunque no quiera. A partir del próximo 1 de diciembre las decisiones y la responsabilidad serán ya suyas y tendrá que hacer uso del poder, lo que eso signifique, para enfrentar las más diversas situaciones que se le presenten.

Sus recorridos ahora son lo que el extinto gobernador Agustín Acosta Lagunes aconsejaba a los hombres del poder: darse baños de polvo y de pueblo. El gobernador García, dije líneas arriba, está en una curva de aprendizaje pero también de empezar a saborear las llamadas mieles del poder, que tanto daño hacen a quienes no están preparados anímica y emocionalmente para detentarlo cuando se engolosinan.

Poco a poco, conforme se le vayan cuadrando todos, incluso los que lo combatieron como los empresarios del puerto jarocho y últimamente los de Orizaba, Cuitláhuac le va a ir agarrando gusto a esto de gobernar, que cuando no se impone un límite se pasa entonces al uso indiscriminado del ejercicio del poder y es cuando se pierde totalmente a quien fue un sencillo candidato. No digo que esto necesariamente le vaya a pasar al que viene, pero el riesgo siempre existe.

El culto a la personalidad cabe ya dentro de ese riesgo, así como haber permitido que en Poza Rica se consignara en una placa (con un error de ortografía, porque se puso “ignaugurada”) su nombre, en su calidad de gobernador electo, como quien “ignauguró” una calle con sus guarniciones y banquetas el pasado 17 de agosto.

Ya he dicho que en política las comparaciones no son odiosas, y al menos que yo sepa, hasta ahora ninguna calle, obra o sitio público lleva el nombre de Miguel Ángel Yunes Linares.

Sus enemigos políticos de dentro y de fuera estarán a la caza de todos los errores que vaya cometiendo y de cuánto ofrecimiento vaya haciendo, para sacárselos a relucir o recordárselos cuando lo consideren oportuno y no cumpla. Está a tiempo de corregir, de rectificar. En sus manos está el remedio.

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