Contrato de confidencialidad

Jorge Luis Serrano Texta

 

Michael Avenatti es un abogado audaz y es, sin duda, un especialista en materia de Derecho civil, al grado de que estuvo a punto de lograr que el presidente de la nación más poderosa del mundo, declarara bajo juramento ante un juez. Sobre todo, es un perfecto sabueso que olfatea a distancia los mejores asuntos que irrumpen en una sociedad ávida por desayunarse con historias escandalosas, como el caso que está resultando tormentoso para el multimillonario neoyorkino, Donald Trump.

Todo estuviese arreglado con los 130 mil dólares que el abogado Michael Cohen, cercano colaborador del magnate inmobiliario, entregó a la ex actriz porno Stormy Daniels – cuyo verdadero nombre es Stephanie Clifford, actualmente desempleada – en el acto jurídico en la que la mujer que asegura haber tenido relaciones sexuales con Trump en el año 2006, signó un contrato de confidencialidad, para no deteriorar durante la campaña política la imagen del actual presidente de los Estados Unidos.

La institución civil del Contrato es un acuerdo de voluntades. No importa que el sacrosanto, único e insustituible Código Civil (E. Mondragón dixit) confunda a muchos alumnos: Convenio es el acuerdo de dos o más personas para crear, transferir, modificar o extinguir obligaciones; los convenios que producen o transfieren las obligaciones y derechos toman el nombre de contratos. La redacción de la norma supone una cinta de Moebius.

Me seduce la investigación acuciosa del doctor Ricardo D. Rabinovich en su espléndido libro Derecho Romano. Releo la obra del romanista argentino en el capítulo de las obligaciones, no como un tratado erudito sino, como si se tratara de una novela histórica; es decir, con esa emoción que se opaca cuando compruebo que una disciplina cara a Justiniano, va despareciendo paulatinamente de los programas de estudio; sinrazón que tiene consecuencias funestas en nuestro sistema jurídico.

No es tan fácil interpretar el proceso civil sin los antecedentes especiales de esta insustituible materia. Al imbuirnos en ella logramos sacudir la ignorancia latente, y aun así en la actualidad mientras más se documenta uno y se mete días enteros en las bibliotecas – dice el constitucionalista Carbonell, que ya en algunos despachos se usan robots para investigar sobre asuntos jurídicos, lo que me da pavor – al volver a la realidad nos damos cuenta que somos aún más ignorantes.

El también abogado romanista Víctor Suástegui, me contó que al sepelio del maestro Ernesto Gutiérrez y González – siempre tundía con fundamentos a los civilistas – acudieron pocos alumnos y sus amigos fueron contados con los dedos de las manos. Tenía detractores, y vaya que sus obras son un imprescindible legado pedagógico. Sus simpáticos personajes – Procopio y la abogada Toñoñoña –elucidaban el mundo de las obligaciones, una rama aparentemente difícil.

El vulgo dice, que la aplicación de la Ley es de acuerdo a la denominación del billete que se ofrece a una autoridad corrupta, un monstruo que ha crecido exponencialmente y sus fauces engullen a cualquier ingenuo que piense que el derecho como herramienta continúa en la etapa romántica.

El Common Law regula la conducta de los habitantes del país vecino. Los juristas saben de la rica tradición romanista en la recepción del Derecho en la patria de George Washington. Avenatti, al leer el contrato de confidencialidad, descubrió que existían vicios del consentimiento, y en marzo pasado Stephanie Clifford, interpuso una demanda para solicitar su anulación en un juzgado de los Ángeles porque Donald Trump no signó el documento y por tratarse de un objetivo ilícito: El pago se incluyó como gasto de campaña, (El País 12/9/18).

Con la confesión de Cohen y la aceptación de la invalidez del acto jurídico, pero con la condición de que la actriz devuelva el dinero es posible que el caso se cierre en la vistilla del próximo 24 de septiembre. Cuando un juez asume la ética en toda su amplitud, se preocupa porque alguna reconvención que funcionará como un ejemplo a la sociedad trascienda de manera contundente.

Finalmente, con el cambio de estrategia se evita que el presidente se vea obligado a declarar sobre un asunto del cual los medios ya se encargaron de ridiculizar respecto de su virilidad desde el contexto de las revelaciones de una libido cuestionada en el “libro” de Stormy Daniels que verá la luz la próxima semana.

Las ventas millonarias del texto, pagarán con creces la intención especulativa de una mayor indemnización de un escarnio que ya se ha aposentado en la Casa Blanca.

La declaración del abogado Avenatti, resume su triunfo legal: “El deseo repentino de los acusados de escaparse de este caso sin consecuencias reales, refleja una realidad profundamente perturbadora: que han estado engañando sin vergüenza a este juzgado y al pueblo americano durante más de seis meses”.

La sociedad quizás les dará la razón.


*Aforismo latino que significa, donde hay sociedad hay derecho.

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